El ambiente urbano: ¿Una nueva oportunidad para la conservación?

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Dos décadas atrás, si alguien hubiese leído un título como el que precede esta nota, dudaría de la integridad del autor. Sin embargo, al igual que muchas otras cosas, nuestra visión del ambiente urbano está cambiando, afortunadamente. Ahora bien, ¿tan significativo ha sido dicho cambio como para pensar que dentro de una ciudad se pueden realizar tareas de conservación de la vida silvestre?

Ayer y hoy
Anteriormente, la distinción era muy clara: ambientes naturales (bosques lluviosos, templados, desiertos, etc.) y ciudades. Las ciudades constituían una categoría totalmente aparte, una zona destinada a las actividades humanas, donde la naturaleza tenía poca cabida. Pero hoy en día, dentro del enfoque de la ecología general, se intenta incluir el concepto de ciudad como un ecosistema más. Un ecosistema con ciertas particularidades, pero sujeto a cambios y mejoras para hacerlo más sustentable, más conservable.
Los medios urbanos se pueden localizar en un gradiente de disturbio humano: en un extremo tenemos ambientes con bajo disturbio (bosques vírgenes, por ejemplo) , y en el otro extremo se hallan las ciudades, ecosistemas con altos niveles de degradación.
Lo que se intenta hoy en día es reducir los niveles de disturbio en las ciudades, incluyendo la vida silvestre como un elemento con potenciales beneficios para el hombre urbano.

Las ciudades del nuevo siglo:
Pero, ¿por qué es tan necesario un cambio de tal magnitud?
Quizá uno de los factores más importantes que colaboran con esta nueva perspectiva sea el referente a la cuestión social, ya que hoy, más de la mitad de la población humana estará viviendo en ciudades y se estima un crecimiento mayor en el mismo sentido.
Esto supone un éxodo masivo desde las áreas rurales (con poca solvencia económica) hacia los centros urbanos, los cuales estarán sometidos a numerosos problemas: incremento poblacional desmedido, menor disponibilidad de recursos económicos y sanitarios, agudización de enfermedades, conflictos sociales y un largo etcétera.
Por otro lado, el diseño actual de las ciudades no otorga a sus habitantes un nivel de vida decente, debido a la alta densidad de personas. En consecuencia, se produce una segregación social en cuanto a los espacios ocupados por distintos niveles socioeconómicos: las personas con bajos recursos suelen vivir en instalaciones provisionales, aumentando el nivel de mortalidad infantil, enfermedades respiratorias e intestinales, etc.
Sumado a estas razones de tipo social, las ciudades presentan una aguda problemática ambiental que caracteriza su funcionamiento como ecosistema.

Características de las ciudades
Intentemos por un momento pensar en las ciudades como un sitio natural más, para focalizar, a continuación, las diferencias más elementales. Por ejemplo, los componentes biológicos están distribuidos de forma algo distinta. La mayor parte de la biomasa la forma el hombre urbano y muy relegados están algunos ejemplos de animales que habitan en extrema relación con él (generalmente considerados plagas urbanas, como ratas, cucarachas, etc.), o bien aislados en parques o jardines (principalmente anfibios, reptiles, aves y algunos mamíferos). Podríamos decir que la diversidad de la mayoría de estas especies - entendida en este caso como el número de especies - es baja, principalmente de aquellas que son nativas y presentan una alta sensibilidad al disturbio humano. Además, tengamos en cuenta que hay una gran cantidad de especies vegetales y animales introducidas.
A nivel de hábitat, el hombre basa sus actividades en la construcción de grandes estructuras de cemento y otros materiales: así tenemos casas, edificios, rutas...Esto genera un alto grado de heterogeneidad, tanto horizontal como vertical (veredas, calles, monumentos, líneas telefónicas, etc.), lo cual es particularmente aprovechado por muchas especies adaptadas a la vida del hombre, por ejemplo, gorriones y palomas. Sin embargo, la disponibilidad de hábitats naturales para especies silvestres puede resultar sumamente escasa, si no existen programas de protección de espacios verdes dentro de las ciudades. Se trata de algo particularmente importante cuando se piensa que muchos animales tienen ciertos requerimientos de hábitat para sobrevivir y reproducirse (algunos nidifican en huecos de árboles maduros, otros utilizan arbustos para protegerse de los predadores y también los hay que sólo se alimentan de las ramas más pequeñas de ciertas especies de árboles). Este panorama algo esquivo para las especies de flora y fauna autóctonas implica que la biomasa silvestre sea no sólo reducida, sino también se concentre en puntos específicos, dando lugar a un patrón espacial que podría sintetizarse como fragmentos verdes (parques o jardines), aislados por una matriz de cemento.

 

 

Esteban Juricic

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