Biodiversidad biológica
El 7 de abril en La Haya, Países Bajos, se reunió por sexta vez los países parte en el Convenio sobre la Diversidad Biológica. ¿Qué discutieron los países allí" ¿Para qué sirve ese Convenio? Tratemos de resumir de qué se trata todo esto.
Para comenzar, digamos que la diversidad biológica, o biodiversidad, define la amplia variedad de seres vivos del planeta y sus correspondientes patrones naturales. La diversidad biológica actual es el fruto de miles de millones de años de evolución, moldeada por procesos naturales y modificada parcialmente por la creciente influencia del ser humano. Somos parte integrante de esta diversidad y dependemos directa o indirectamente de ella. Se entiende por diversidad biológica a todas las plantas, animales y microorganismos existentes. Hasta la fecha, se han identificado unos 1,75 millones de especies. Los científicos reconocen que en realidad hay cerca de 13 millones de especies, si bien las estimaciones varían entre 3 y 100 millones.
La diversidad biológica incluye también las diferencias genéticas dentro de cada especie. Los cromosomas, los genes y el ADN, es decir, los componentes vitales, determinan la singularidad de cada individuo y de cada especie. En mayor escala, y donde el hombre ha convenido comenzar la conservación de la diversidad biológica del planeta, están los innumerables ecosistemas. Los diferentes ecosistemas se dan en los desiertos, los bosques, los humedales, las montañas, las aguas continentales (lagos, ríos y humedales), las aguas marinas, y paisajes agrícolas. En cada ecosistema, los seres vivos interactúan comunitariamente con el aire, el agua y el suelo. Esta combinación de formas de vida y sus interacciones mutuas y con el resto del entorno que ha hecho de la Tierra un lugar habitable y único para los seres humanos. La diversidad biológica ofrece un gran número de bienes y servicios que sustentan nuestra vida.
¿Cuándo reacciona la comunidad mundial ante la pérdida irreversible de los recursos naturales? En 1992, los delegados de casi todos los países de nuestro planeta acordaron en la Cumbre para la Tierra una estrategia de "desarrollo sostenible" que ordene nuestras necesidades de tal manera que nos permita legar a las generaciones futuras un mundo sano y viable. Allí nace el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Este acuerdo establece los compromisos de mantener los sustentos ecológicos mundiales a medida que avanzamos en el desarrollo económico. El Convenio establece tres metas principales: · la conservación de la diversidad biológica, · la utilización sostenible de sus componentes, · y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos. Las tres son compatibles entre sí. Y aquí está el mayor desafío: entender que la conservación no es la preservación total y a ultranza.
Se puede conservar un recurso biológico a través de utilización, de manera sostenible, y a la vez distribuir los beneficios derivados de esa utilización en beneficio de la conservación. Cerrando así un ciclo ideal que permitirá mantener los bienes y servicios que la naturaleza nos brinda. Si reflexionamos sobre lo anterior, nos daremos cuenta que quienes mantienen medios de vida en contacto estrecho con la naturaleza cumplen con estos tres objetivos, sin la necesidad de un acuerdo internacional que les indique cómo hacerlo, desde hace cientos, o miles, de años. Son las comunidades aborígenes y locales que entrañan estilos de vida tradicionales.
Hay que educar al mundo desarrollado
Evidentemente, la civilización moderna se ha ido alejando paulatinamente de la naturaleza y sus cimientos se apoyan en el consumo desmedido de recursos que algún día se agotarán (como el petróleo). La aglomeración urbana y la facilitación del acceso a los alimentos han generado un aislamiento de los ritmos y códigos de vida de la naturaleza. Esto conduce a que millones de seres humanos, generalmente residentes en países desarrollados, crean que el aprovechamiento de un recurso natural vivo es una forma de crimen. Concretamente, no hay tolerancia hacia quien mata un elefante, una tortuga marina, un lagarto o un cetáceo para su consumo. En los países desarrollados tienen más influencia sobre el público las organizaciones de propaganda que las organizaciones científicas. Los tiempos cambian, y la comunidad mundial comienza a entender que es necesario educar al mundo desarrollado. Que cambie su modo de vida, que es absolutamente insostenible, y que al ritmo actual asegura la destrucción del planeta a mediano plazo. Seguramente, la lucha será difícil y muchos dirán que es imposible. ¿Por qué? La comodidad que disfrutan las sociedades más desarrolladas no está al alcance de todos.
Unos pocos países consumen más del 60% de la energía y los recursos del planeta. Ese patrón de vida insostenible es codiciado por millones de personas que viven en países subdesarrollados, sin tener plena conciencia que los recursos del planeta no alcanzan para satisfacer a todos en esa escala de consumo. Tratemos de entender, entonces, como mantener nuestro nivel de desarrollo y a la vez revertir o modificar nuestras costumbres y actividades de manera que no hagamos daño a nuestro planeta.
Podemos asegurar que el desarrollo económico es esencial para atender a las necesidades humanas y erradicar la pobreza que afecta a tantos pueblos en todo el mundo. Y también asegurar que la utilización sostenible de la naturaleza es fundamental para el éxito a largo plazo de las estrategias de desarrollo. El desafío entonces para este siglo XXI será imponer la conservación y la utilización sostenible de la biodiversidad como base obligatoria de las políticas de desarrollo, las decisiones comerciales y los deseos del consumidor.
En este proceso, nosotros quienes habitamos países que aun poseen recursos silvestres y renovables, tenemos mucho que decir. De nuestra actitud dependerá que los países "consumidores" no impongan sus ideas sobre los "productores". La importación de "modelos de conservación" o de "desarrollo sostenible" deberá ser reemplazada por "estrategias nacionales" y "planes de acción" locales. Con este fin fue creado el Convenio sobre la Diversidad Biológica.
El Convenio ya ha obtenido logros importantes en la vía del desarrollo sostenible, al transformar el enfoque de la diversidad biológica de la comunidad internacional. Este progreso ha sido posible gracias a la ventaja inherente del instrumento, de contar con una composición casi universal, un mandato muy amplio y de base científica, un apoyo financiero internacional para proyectos nacionales, asesoramiento científico y tecnológico de alcance mundial y la participación política de los gobiernos. Ha congregado, por primera vez, a muchas personas con intereses muy distintos. Ofrece una esperanza para el futuro, al forjar un nuevo acuerdo entre los gobiernos, los intereses económicos, la protección del medio ambiente, las poblaciones indígenas y las comunidades locales, así como el ciudadano interesado.
Sin embargo, muchas otras cuestiones complejas aún siguen pendientes. Muchos observadores están decepcionados por la lentitud de los progresos hacia el desarrollo sostenible durante el decenio de 1990. El mayor país consumidor de recursos y mayor contaminante (Estados Unidos) aun no ha firmado el Convenio. La atención hacia los problemas ambientales se ha visto desviada por una serie de crisis económicas, déficit presupuestarios, y conflictos locales y regionales.
Pese a las promesas de Río, el crecimiento económico sin salvaguardias ambientales adecuadas sigue siendo aún la regla, más que la excepción. Algunas de las principales cuestiones que se plantean en la aplicación del Convenio sobre la diversidad biológica y la promoción del desarrollo sostenible son:
Es difícil comunicar a los políticos y al público en general los conceptos que inspiran el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Casi un decenio después que el Convenio reconociera por primera vez la falta de información y de conocimientos sobre la diversidad biológica, ésta sigue siendo una noción que pocas personas comprenden. En la esfera pública hay un escaso debate sobre cómo integrar la utilización sostenible de la diversidad biológica en el desarrollo económico.
El mayor problema en el momento de adoptar decisiones sobre desarrollo sostenible, es la oposición entre sus efectos a corto y a largo plazo. Lamentablemente, a veces conviene explotar el medio ambiente hoy, recogiendo y capturando tantas especies como sea posible, y con la mayor rapidez posible, porque las normas económicas no protegen los intereses a largo plazo. El verdadero desarrollo sostenible exige que los países redefinan sus políticas sobre utilización de la tierra, alimentos, agua, energía, empleo, desarrollo, conservación, aspectos económicos y comercio.
La protección de la diversidad biológica y la utilización sostenible requiere la participación de los ministros encargados de ámbitos como la agricultura, la silvicultura, la pesca, la energía, el turismo, el comercio y las finanzas. La compleja cuestión que se plantea a los gobiernos, las empresas y los ciudadanos es elaborar estrategias de transición que conduzcan a un desarrollo sostenible a largo plazo. Ello supone negociar concesiones, incluso en un momento en que la población reclama más tierra y las empresas ejercen presión para expandir sus recolecciones y capturas. Cuanto más esperemos, menos posibilidades tendremos.
Información, educación y capacitación
La transición al desarrollo sostenible requiere un cambio de las actitudes del público en cuanto a lo que significa una utilización aceptable de la naturaleza. Para lograrlo, se debe dar a la población la información, las aptitudes y las organizaciones adecuadas para comprender y abordar las cuestiones de la diversidad biológica. Los gobiernos y la comunidad empresaria deben invertir en personal y en capacitación y apoyar a las organizaciones, incluidos los órganos científicos, que pueden ocuparse de las cuestiones de diversidad biológica y asesorar al respecto.
Necesitamos también un proceso de educación pública a largo plazo que contribuya a cambiar nuestro comportamiento y nuestros estilos de vida y preparar a las sociedades para la transformación necesaria a la sostenibilidad. Una mejor educación en materia de diversidad biológica atendería a una de las metas estipuladas en el Convenio.
¿Qué podemos hacer en pro de la diversidad biológica?
Si bien la función de dirección incumbe a los gobiernos, hay otros sectores de la sociedad que deben también participar activamente. Después de todo, son las decisiones y las medidas que adopten miles de millones de individuos lo que determinará si la diversidad biológica se conserva y utiliza de forma sostenible o no. En una era en que el aspecto económico es la fuerza dominante en los asuntos mundiales, es más importante que nunca que la comunidad empresaria esté dispuesta a participar en la protección del medio ambiente y la utilización sostenible de la naturaleza.
Algunas empresas tienen ingresos mucho más importantes que los presupuestos de países, y su influencia es inmensa. Afortunadamente, un número creciente de empresas han decidido aplicar los principios del desarrollo sostenible a sus operaciones. Por ejemplo, una serie de empresas forestales, a menudo bajo la intensa presión y el boicot de los ambientalistas, han sustituido las talas indiscriminadas por formas menos destructoras de recolección de madera.
Un número cada vez mayor de empresas también han logrado conciliar la obtención beneficios y al mismo tiempo la atenuación de sus efectos en el medio ambiente. Consideran que el desarrollo sostenible asegura beneficios a largo plazo y suscita una mejor disposición de los asociados, empleados y clientes de sus empresas.
Las comunidades locales tienen una función esencial por cuanto son los verdaderos "administradores" de los ecosistemas en los que viven y, por ende, tienen una importante influencia en ellos. En los últimos años se han desarrollado satisfactoriamente muchos proyectos con la participación de las comunidades locales en la administración sostenible de la diversidad biológica, a menudo con la valiosa asistencia de organizaciones no gubernamentales y organizaciones intergubernamentales.
Por último, en última instancia quién decide en materia de diversidad biológica es el ciudadano. Si las pequeñas decisiones que adopta cada individuo se suman, se producen importantes repercusiones, ya que el consumo personal es el motor del desarrollo, que a su vez utiliza y contamina la naturaleza. El público en general, si elige cuidadosamente los productos que adquiere y las políticas gubernamentales que apoya, puede comenzar a guiar al mundo hacia el desarrollo sostenible. Los gobiernos, las empresas y otros tienen la responsabilidad de orientar e informar al público, pero en última instancia lo que más cuenta son las decisiones individuales que se adoptan miles de millones de veces por día.
El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) Los elementos de trabajo quedan establecidos en el Texto del Convenio. Los países miembro debaten sobre sus artículos y establecen Grupos de Trabajo para avanzar en la implementación de las diferentes áreas temáticas del Convenio. Como todos los convenios internacionales, el CDB posee una Secretaría encargada del seguimiento de su labor, en este caso administrada por el PNUMA y encabezada por un Secretario Ejecutivo.
El Convenio cuenta con un Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico, Técnico y Tecnológico (OSACTT) que se reúne entre sesiones y prepara y ordena las propuestas de los países miembro en forma de "Recomendaciones". La Conferencia de las Partes (CDP) en el CDB se llevan a cabo cada dos años, tratan las "Recomendaciones del OSACTT", las "recomendaciones de los Grupos de Trabajo", y de allí surgen las "Decisiones de la CDP". El Texto está ordenado de la siguiente manera:
Preámbulo.
Artículo 1. Objetivos
Artículo 2. Términos utilizados
Artículo 3. Principio
Artículo 4. Ámbito jurisdiccional
Artículo 5. Cooperación
Artículo 6. Medidas generales a los efectos de la conservación y la utilización sostenible
Artículo 7. Identificación y seguimiento
Artículo 8. Conservación in-situ
Artículo 9. Conservación ex-situ
Artículo 10. Utilización sostenible de los componentes de la diversidad biológica
Artículo 11. Incentivos
Artículo 12. Investigación y capacitación
Artículo 13. Educación y sensibilización pública
Artículo 14. Evaluación del impacto y reducción al mínimo del impacto adverso
Artículo 15. Acceso a los recursos genéticos
Artículo 16. Acceso a la tecnología y transferencia de tecnología
Artículo 17. Intercambio de información
Artículo 18. Cooperación científica y técnica
Artículo 19. Gestión de la biotecnología y distribución de sus beneficios
Artículo 20. Recursos financieros
Artículo 21. Mecanismo financiero
Artículo 22. Relación con otros convenios internacionales
Artículo 23. Conferencia de las Partes
Artículo 24. Secretaría
Artículo 25. Órgano subsidiario de asesoramiento científico, técnico y tecnológico
Artículo 26. Informes
Artículo 27. Solución de controversias
Artículo 28. Adopción de protocolos
Artículo 29. Enmiendas al Convenio o los protocolos
Artículo 30. Adopción y enmienda de anexos
Artículo 31. Derecho de voto
Artículo 32. Relación entre el presente Convenio y sus protocolos
Artículo 33. Firma
Artículo 34. Ratificación. aceptación o aprobación
Artículo 35. Adhesión
Artículo 36. Entrada en vigor
Artículo 37. Reservas
Artículo 38. Denuncia
Artículo 39. Disposiciones financieras provisionales
Artículo 40. Arreglos provisionales de secretaría
Artículo 41. Depositario
Artículo 42. Textos auténticos
Anexo I. Identificación y seguimiento
Anexo II - Parte 1. Arbitraje
Anexo II - Parte 2. Conciliación
Guillermo Puccio


