Conflictos armados y ambiente

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Los desastres naturales como arma

Existen diversos análisis respecto a las llamadas Guerras de Cuarta Generación (G4G), las cuales serían la aplicación de una nueva estrategia de dominio internacional, complementaria y superior a doctrinas como la de los Conflictos de Baja Intensidad aplicada en los países latinoamericanos. Una de las características de este tipo de guerra es el uso de tecnología de última generación, con base en la premisa, "que al menos que se requiera, ya no existen razones para destruir al adversario: al contrario, resulta de mayor utilidad su sometimiento público".
Entre los mecanismos bélicos a ser empleados, la doctrina de las G4G propone usar "La tecnología ambiental: a partir de la cuál es posible influir en las condiciones atmosféricas provocando lluvias imprevistas, niebla inesperada, llegando incluso al extremo de generar desastres que suelen pasar como naturales".
Aunque parezca ficción e incluso paranoia, la experimentación sobre el tema está en proceso en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. La primera referencia se presentó el 20 de marzo de 1974, cuando el Pentágono reveló sus esfuerzos por "sembrar" nubes e incrementar las lluvias en áreas objetivo, causando deslaves e imposibilitando movimientos de tropas de liberación en Vietnam y Camboya. En 1978, el Proyecto de Satélites Impulsados por el Sol (SPSP) inicia investigaciones sobre el uso del láser con fines militares, incluyendo el potencial calentamiento de áreas geográficas, a modo de un gigantesco microondas.
Una continuación de ese esfuerzo es el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP), con sede en Gokoma, Alaska, y dirigido en conjunto por la Fuerza Aérea y la Marina de Guerra estadounidenses.
"Documentos militares de los Estados Unidos indican que el objetivo del HAARP es 'explotar la ionosfera para fines del Departamento de Defensa', como un medio de alterar los regímenes meteorológicos así como de afectar las comunicaciones y el radar enemigos".
Michael Chossudovsky del Global Research (Canadá), resalta además cómo se discutió este tema en el Parlamento Europeo, en el que se presentó una propuesta de resolución demandando control internacional sobre el HAARP.
"Sin embargo, la solicitud del Comité de que se redactara un 'Libro Verde' sobre 'los efectos medioambientales de las actividades militares', fue rechazada con toda tranquilidad, alegando que la Comisión Europea carece de la jurisdicción necesaria para ahondar en 'los vínculos entre el medio ambiente y la defensa". (5)

El menosprecio al ambiente

Un argumento usado para descalificar cualquier denuncia sobre el uso de armas climáticas es que a nadie se le puede ocurrir que los Estados Unidos o cualquier otra potencia estaría dispuesta a destruir la naturaleza, porque a la larga eso les destruiría a ellos mismos. El comportamiento suicida, en este caso, es más permanente y visible que en cualquier otro. De hecho, todo el uso tecnológico bajo el esquema productivo actual constituye un daño constante al ambiente, que aparece como costos "satélites" o externalidades.
En cuanto a la guerra, la situación se torna aún peor. Recuérdese la recurrente afirmación de "daños colaterales" cuando se destruye instalaciones civiles y se asesina a personas desarmadas que no participaban de manera directa en las acciones bélicas. A los daños ambientales ni siquiera se les considera "colaterales" y, por el contrario, más tarde son parte de los grandes negocios de reconstrucción (Naomi Klein ha denunciado que Estados Unidos ya tiene planificado el negocio de reconstrucción en 25 países a los que todavía no hace la guerra).
Para muestra está Vietnam, país que todavía sufre la contaminación por napalm, con grandes extensiones de tierras antaño fértiles que se transformaron en desiertos hasta hoy irrecuperables.
Ahora resalta el botón de Irak. El uso de fósforo blanco (muy cercano al napalm), ya reconocido por el gobierno norteamericano, así como el uso de
armas atómicas como Uranio empobrecido, provocaron un enorme daño ambiental de graves y prolongadas consecuencias para los habitantes de Irak. "Miles de zonas industriales y militares de Irak deben ser limpiadas urgentemente para evitar que continúen perjudicando la salud de la población y el medio ambiente", según advirtió el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA).
De acuerdo a la información, Irak necesita 40 millones de dólares para efectuar la limpieza de cinco de los 'cientos o quizá miles' de zonas contaminadas por uranio empobrecido y otros productos químicos que se han detectado en su territorio, producto de las últimas guerras. Esos son solo los lugares que tienen una elevada densidad de población, especialmente los próximos a Bagdad, donde habitan cerca de siete millones de personas que pueden estar en peligro a causa de la contaminación medioambiental. (5)

La velocidad de reconversión de una economía

Además de una prohibición en la producción y la venta de los coches para el uso privado, la construcción residencial y de carreteras fue parada, y conducir por placer fue prohibido. Se introdujo también un programa de racionamiento. A principios de 1942 se racionaron bienes estratégicos, -incluyendo neumáticos, gasolina, fuel-oil y azúcar-. El recorte de consumo de estas mercancías liberó recursos materiales para apoyar el esfuerzo de la guerra.
El año 1942 atestiguó el mayor incremento de producción industrial en la historia de la nación - toda para uso militar. Las necesidades de los aviones en tiempos de guerra eran enormes. Incluían no solamente aviones de combate, bombarderos, y aviones de reconocimiento, sino también el transporte de las tropas y del cargamento requerido para luchar en una guerra con dos frentes muy distantes. De principios de 1942 a 1944, los Estados Unidos superaron de lejos el objetivo inicial de 60.000 aviones, alcanzando 229.600 aviones, una flota tan extensa que aún hoy en día es difícil de visualizar. Igualmente impresionante, al final de la guerra más de 5.000 barcos se añadieron a los 1.000 que componían la flota mercantil americana en 1939.
En su libro "No Ordinary Time", Doris Kearns Goodwin describe cómo varias firmas convirtieron su producción en tiempos de guerra. Una fábrica de bujías fue de las primeras en cambiar su producción por ametralladoras. Muy pronto también un fabricante de estufas producía los botes salvavidas. Una fábrica de tiovivos hacía los afustes, una compañía de juguetes fabricaba brújulas, un fabricante de corsés producía las correas de las granadas, y una planta de máquinas del millón (pinballs) comenzó a hacer recubrimientos de blindaje anti-perforante.
En retrospectiva, la velocidad de esta conversión de una economía en tiempos de paz a una economía de tiempos de guerra es impresionante. La potencia de la energía industrial de Estados Unidos inclinó la balanza de forma decisiva hacia las Fuerzas Aliadas, invirtiendo el contexto de la guerra. Alemania y Japón, ya completamente expansionados, no pudieron contrarrestar este esfuerzo. Winston Churchill citaba a menudo a su Ministro de Asuntos Exteriores, Sir Edward Grey: "los Estados Unidos son como una caldera gigante. Una vez que el fuego se enciende, no hay límite a la energía que puede generar."
Esta movilización de recursos en cuestión de meses demuestra que un país y, de hecho, el mundo puede reestructurar su economía rápidamente si se convence de la necesidad de hacerlo. Y en esta movilización, el recurso más escaso de todos es el tiempo. Con el cambio climático, por ejemplo, nos estamos acercando muy rápidamente al punto de no retorno. La tentación es reajustar el reloj, pero no podemos. La Naturaleza es el cronometrador. (6)

Costo de la Guerra en Irak

En abril de 2003 un equipo intergeneracional de Niko Matsakis de Boston, el MA y Elias Vlanton de Takoma crearon, costofwar.com. Después de mantenerlo por sus propios medios el primer año, lo dieron al Proyecto Nacional de las Prioridades (National Priorities Project) para contribuir a sus esfuerzos educativos en curso.
Debajo está un total corriente (cada segundo son U$$ 1.000 más) del coste del contribuyente de los EE.UU. de la guerra de Irak. El número se basa en apropiaciones del congreso. $336,330,502,872

  • En lugar, habríamos podido pagar para que 44.547.253 niños puedan ir a un año de colegio.
  • En lugar, habríamos podido pagar el seguro medico de 201.396.364 niños por un año.
  • En lugar, habríamos podido proporcionar 16.304.647 becas de cuatro años para los estudiantes de las universidades públicas.
  • En lugar, habríamos podido construir 3.028.358 casas.
  • En lugar, habríamos podido emplear 5.828.686 profesores adicionales de la escuela pública por un año.

En este caso por cada segundo se suma un niño, una beca, una casa y un profesor más. (7) (8)

Conclusión

Las cuestiones relativas a la protección del medio ambiente han sido abordadas en el marco más específico del derecho internacional de los derechos humanos. En ese contexto, se admite actualmente que no puede lograrse el desarrollo y la plenitud del ser humano -que son los objetivos fundamentales de los derechos humanos si el medio ambiente sufre graves daños. Así pues el derecho a un medio ambiente sano se considera cada vez más como un elemento fundamental de los derechos humanos. Ese derecho está expresamente estipulado en tratados internacionales, en textos no convencionales y en las constituciones de muchos Estados.
Conviene recordar que, en período de conflicto, los daños al medio ambiente son inevitables. En realidad, las guerras han causado siempre daños al medio ambiente, algunos muy duraderos. Así, algunos de los campos de batalla de la Primera o de la Segunda Guerra Mundial, por no citar más que esos conflictos, aún siguen sin poder explotarse hoy, o presentan considerables riesgos para la población, debido a la presencia de material de guerra (particularmente minas y proyectiles)
Tras estos acontecimientos, muchas personas se han interrogado sobre el contenido, los límites y las eventuales lagunas de las normas del derecho internacional humanitario relativas a la protección del medio ambiente en período de conflicto armado, así como sobre los medios para mejorar esta protección. Estas cuestiones han sido objeto de varias reuniones de especialistas en derecho humanitario y en cuestiones relacionadas con la protección del medio ambiente.
A pesar del interés y de la calidad de los debates que han suscitado esas recientes reuniones, no ha sido posible llegar a conclusiones definitivas. Quedan todavía demasiados elementos difíciles de determinar, ya se trate de la evaluación científica de los daños causados por la guerra moderna al medio ambiente o del contenido y los límites del derecho aplicable para quienes no tienen interés de cuidar el ambiente como patrimonio de todos en tiempos de paz, mucho menos les interesa hacerlo en tiempos de guerra. Proteger el medio ambiente en caso de conflicto armado no es una frivolidad ni supone alterar las prioridades. Se trata tan sólo de que, dentro de lo posible, la guerra sea menos destructiva y la paz más duradera
Los riesgos para el medio ambiente son múltiples. Los bombardeos a instalaciones que albergan tóxicos o material radioactivo los libera a la atmósfera y esa polución regresa a la tierra por medio de la lluvia ácida. Incluso la basura que generan los soldados al cruzar el desierto tiene sus consecuencias. La única forma de deshacerse de tal cantidad de deshechos es enterrarlos pero, a la larga, puede contaminar las aguas subterráneas.
Por último, conviene destacar que no sólo se olvida al medio ambiente como la gran baja a largo plazo de toda guerra. También se pasa por alto su papel como fuente de conflicto. Numerosas guerras están relacionadas con el ansia de control de recursos naturales, como minerales, petróleo o madera. Si los recursos escasean, aumentan las posibilidades de disputa.
Nuestro futuro también depende de cambiar nuestro curso, cambiar del plan A, negocios como de costumbre, a planear B, reestructurando la economía global. El progreso sostenido depende de cambiar de una economía desechable, basada-en-combustibles-fósiles y centrada-en-el-automóvil, a una economía de reuso-reciclaje, basada en energía renovable y de transporte diversificado. La buena noticia es que disponemos de las tecnologías necesarias para construir la nueva economía. Podemos ver la economía del plan B en el emerger de las granjas de viento de Europa Occidental, los tejados solares de Japón, la flota creciente de coches híbridos gasolina-eléctricos en los Estados Unidos, las montañas reforestadas de Corea del Sur, y las calles "bicycle friendly" de Amsterdam.

Extraído de Ambiente News

Referencias:
1. www.unesco.org: 1 de Noviembre de 1991, Fred Pearce, especialista en medio ambiente, colaborador del semanario británico The Scientist:
2. www.losverdesdeandalucia.org: 13 de Febrero del 2003, Julen Redondo, El Correo
3. www.ipsnoticias.net: Agosto del 2000, Haider Rizvi
4. www.icrc.org: Noviembre- Diciembre de 1991, Antoine Bouvier Revista Internacional de la Cruz Roja No 108.
5. www.voltairenet.org: 27 de Diciembre del 2005, Edgar Isch López ex ministro del Ambiente del Ecuador, ¿Existe el terrorismo ambiental? Las relaciones contra-natura entre guerra y medio ambiente.
6. www.earth-policy.org: Lester Brown, Earth Policy Institute
7. www.nationalpriorities.org
8. www.costofwar.com

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